jueves, 5 de abril de 2012

El súperhombre ya existió. Y seguirá existiendo.

El problema que yo planteo aquí no es el de qué reemplazará a la humanidad en la serie de los seres (el hombre es un fin) sino el del tipo de hombre que se debe criar, que se debe querer como el de mayor valor, más digno de vivir, más cierto de futuro.
Este tipo más valioso ha existido ya muy frecuentemente, pero como un caso afortunado, como una excepción, nunca como algo querido. Antes bien, precisamente él ha sido lo más temido, él fue hasta ahora lo temible; y por temor se quiso, se crió, se obtuvo el tipo opuesto: el animal doméstico, el animal de rebaño, aquel animal enfermo que se llama hombre: el cristiano…

(…) El europeo de hoy está, en su valor, muy por debajo del europeo del Renacimiento; un desarrollo sucesivo no es sin más, por una necesidad cualquiera, una elevación, ni un incremento ni un refuerzo.
En otro sentido se da continuamente el logro de casos singulares en los más diversos puntos de la tierra y surgiendo de las más diversas culturas, con los cuales se presenta, en realidad, un tipo superior; algo que, en relación con el conjunto de la humanidad, es un tipo superhombre. Semejantes casos afortunados de un gran logro fueron posibles y acaso serán aún siempre posibles.

Friedrich Nietzsche, El Anticristo.

lunes, 26 de marzo de 2012

La blancura espantosa de la ballena y lo que se esconde detrás del maquillaje de mundo

¿O acaso ocurre que en su esencia la blancura no es tanto un color cuando la ausencia visible de color y, a la vez, la fusión de todos los colores, lo cual explica que exista tal vacuidad —muda y a la vez plena de significado— en un panorama nevado, y ateísmo de todos los colores tal que nos estremece? Y cuando consideramos esa otra teoría de los filósofos naturalistas, según la cual todos los demás colores terrenos, toda ornamentación majestuosa o encantadora —los dulces matices del cielo crepuscular y los bosques, el dorado terciopelo de las mariposas, esas otras mariposas que son las mejillas de las muchachas— sería tan sólo astutos embelecos, no inherentes a las sustancias reales, más superpuestas a ellas desde el exterior, de manera que la divina Naturaleza estaría pintada como una prostituta cuyos incentivos sólo cubren el sepulcro interior; y cuando vamos aún más lejos y pensamos que el cosmético místico que produce cada uno de sus matices, el gran principio de la luz, es blanco o incoloro y si no obrara sobre las cosas a través de un medio lo revestiría todo, hasta las rosas y los tulipanes, de su tinte neutro: cuando meditamos acerca de todo esto, el universo paralizado surge ante nosotros como un leproso; y a semejanza de esos resueltos exploradores de Laponia que se niegan a llevar anteojos coloreados, el desventurado incrédulo contempla hasta enceguecerse el monumental sudario blanco que envuelve la perspectiva tendida a su alrededor. La ballena era símbolo de todas estas cosas. ¿Cómo puede asombrarte, lector, la ferocidad de la caza?
Herman Melville, Moby Dick

sábado, 24 de marzo de 2012

Habla Blake

"Es mejor ahogar a un niño en su cuna que guardar dentro de sí un deseo insatisfecho".

Las ocurrencias de Heine

"Leyendo un aburridísimo libro me quedé dormido. Acto continuo, soñé que proseguía mi lectura y el aburrimiento me despertó. Esto se repitió tres o cuatro veces".

En Textos Cautivos, Jorge Luis Borges