El problema que yo planteo aquí no es el de qué reemplazará a la humanidad en la serie de los seres (el hombre es un fin) sino el del tipo de hombre que se debe criar, que se debe querer como el de mayor valor, más digno de vivir, más cierto de futuro.
Este tipo más valioso ha existido ya muy frecuentemente, pero como un caso afortunado, como una excepción, nunca como algo querido. Antes bien, precisamente él ha sido lo más temido, él fue hasta ahora lo temible; y por temor se quiso, se crió, se obtuvo el tipo opuesto: el animal doméstico, el animal de rebaño, aquel animal enfermo que se llama hombre: el cristiano…
(…) El europeo de hoy está, en su valor, muy por debajo del europeo del Renacimiento; un desarrollo sucesivo no es sin más, por una necesidad cualquiera, una elevación, ni un incremento ni un refuerzo.
En otro sentido se da continuamente el logro de casos singulares en los más diversos puntos de la tierra y surgiendo de las más diversas culturas, con los cuales se presenta, en realidad, un tipo superior; algo que, en relación con el conjunto de la humanidad, es un tipo superhombre. Semejantes casos afortunados de un gran logro fueron posibles y acaso serán aún siempre posibles.
Friedrich Nietzsche, El Anticristo.