Pero ¿por qué escribes?
A: No soy de los que piensan con el bolígrafo en la mano; menos aún de los que se sientan delante del tintero y concentran la vista en el papel y se dejan llevar por sus pasiones. Me molesta y me avergüenza todo lo que supone escribir, porque escribir es para mí una necesidad y me repugna hablar de ello hasta metafóricamente.
B: Pero, entonces, ¿por qué escribes?
A: Bueno, amigo mío, voy a confesarte algo. Hasta este momento no he encontrado otro medio de desembarazarme de mis pensamientos.
B: ¿Y por qué quieres desembarazarte de ellos?
A: ¿Que por qué lo quiero? ¿Es que yo lo quiero? ¡Es que lo necesito!
B: ¡Basta, basta!
Friedrich Nietzsche, La Gaya Ciencia
domingo, 12 de septiembre de 2010
jueves, 2 de septiembre de 2010
Sobre nuestra "Weltanschauung"
“—Hace un tiempo, un crítico alemán me preguntó por qué los escritores latinoamericanos teníamos grandes novelistas pero no grandes filósofos. Porque somos bárbaros, le respondí, porque nos salvamos, por suerte, de la gran escisión racionalista. Como se salvaron los rusos, los escandinavos, los españoles, los periféricos. Si quiere nuestra Weltanschauung, le dije, búsquela en nuestras novelas, no en nuestro pensamiento puro”.
Ernesto Sábato, Abbadón el exterminador
martes, 31 de agosto de 2010
Nota 8: sobre "el derrumbe espiritual de Nietzsche"
Mi primer acercamiento a Nietzsche fue a través de Humano, demasiado humano. En ese momento, hará cinco o seis años, recordé un sombrío anhelo de mi adolescencia: dejar de ser yo, perder mi ominosa consciencia, caer en una definitiva locura. Resistir el peso, la lucidez de la existencia, significaba sufrir una tortura sin tener a mano la posibilidad del desmayo. Se habla del “derrumbe espiritual” de Nietzsche. A mi entender se trataría, más bien, de una esforzada y paciente construcción. No se llega a perder la razón así por que sí. Otros, sobre todo los herederos de la ciencia de Hipócrates, prefieren hablar de sífilis.
Juan Cruz Caminante
domingo, 29 de agosto de 2010
Nota 6: sobre el divertimiento.
Pascal, ya en el siglo XVII, afirmaba en el fragmento 33 de sus Pensamientos lo siguiente:
“Quien no ve la vanidad del mundo, muy vano es él mismo. Pues ¿quién no la ve salvo los jóvenes, completamente entregados al estrépito, al divertimiento y al pensamiento del porvenir? Pero quitadles su divertimiento, los veréis secarse de hastío. Sienten entonces su nada sin conocerla, porque es ser muy desgraciados estar en una tristeza insoportable tan pronto como nos vemos reducidos a considerarnos a nosotros mismos, y a no divertirnos con ello”
En la parte VIII, titulada “Divertimiento” el fragmento 24 es lapidario.
“No habiendo podido curar la muerte, la miseria y la ignorancia, a los hombres se les ha ocurrido, para ser felices, no pensar en ellas.
Pese a estas miserias quiere ser feliz y no quiere ser más que feliz, y no puede no querer serlo.
Pero ¿cómo se las arreglará?
Para lograrlo sería menester que se volviera inmortal, y no pudiéndolo se le ha ocurrido prohibirse a sí mismo pensar en ello.”
La colonización de Marte, imaginada el siglo pasado por Ray Bradbury no ha acontecido. Sin embargo, desgraciadamente, la sociedad de Guy Montag (con sus “tíos” y “tías” de la sala de estar) no nos es del todo ajena.
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